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Los días previos a mi cumpleaños suelen ser muy intensos. Dos horas antes de cumplir un año nuevo me siento a escribirme una carta. Solo lo hago en ese momento. Este año que despido ha sido muy intenso y eso ha hecho que me haya costado encontrar la manera de empezar a escribirla. Estos días me he ido dejando notas sueltas para ordenarme un poco el caos que tenía en mi cabeza. El diafragma se me cerró ayer, y me venían constantemente ganas de llorar. Quería esconderme para no tener que ponerme a escribir. El cuerpo me pedía que buscara entre mis miedos. Pero no quería escucharlo. Tenía miedo a encontrarme con la mujer a la que tanto daño han hecho. Hasta que me he roto escribiendo la carta y me he tenido que enfrentar a la mujer dañada que habitaba en mi.

He descubierto, como dice la canción de Vanesa Martín, que dentro de mí habitan diferentes mujeres. Mujeres a las que tengo que escuchar. Esas mujeres son mi esencia, las que me dan vida y hacen que sea la que soy. Puedo decir que entro a los 36 años con la serenidad de haberme encontrado. Y sobre todo entro queriéndome. Hace falta hacerlo y valorarse para poder luchar en la batalla de la vida. Para poder escribir esto  no sería justo si no empiezo agradeciéndoselo a esa mujer de 35 años que despido para siempre. Reconozco que ha sido un año impresionante. La mujer de hace unos meses atrás no hubiera podido ni imaginarse todo lo que iba a conseguir, cómo iba a trabajar y me iba a superar de manera record. Ahora sé que no tengo barreras, que las barreras están en nuestra cabeza. Este año he conocido a personas maravillosas, de las cuales ahora nos unen momentos y proyectos increíbles. He descubierto realidades que me hacen crecer cada día y apreciar cada instante que estamos vivos. Me he demostrado a mí misma que soy capaz de llegar lejos.  Y puedo ir a donde me lo proponga, porque nací con unas alas fuertes y valientes para volar muy alto. Esta mujer mariposa que soy ahora ha tardado 36 años en darse cuenta de que las tiene, a pesar de haberlas tenido toda la vida. Por ello hay que rodearse de personas que quieran crecer a tu lado y alejarse de las que intentan cortártelas o de las que necesitan apagarte para brillar. El mundo es grande y hay espacio para todos. Todos estamos aquí porque tenemos una misión. Solo es cuestión de encontrarse. Soy mariposa. Eso también es positivo. He descubierto que la maldad en algunas personas existe. Y que no podemos más que alejarnos de ellas para no intoxicarnos. Y por ahí vinieron esos nervios previos a esta carta. No sabía gestionar ese dolor, esa toxicidad que aún me quedaba. Salió la mujer arrepentida. Me arrepentía de todas las horas que le había quitado a mis hijos, a mi pareja, a mis padres, a mis amigos, a mi hermana y a mi misma. Me daba rabia pensarlo. Después empecé a recibir cartas y a leer otros mensajes antiguos que me daban fuerzas. Y recordé gracias a todos vosotros que necesitamos sentirnos valorados, compartir nuestras diferencias, enriquecernos de esa maravillosa diversidad que cuando la nombro se me ilumina la cara… y salió la mujer valiente. La que cree en las personas. La que siente la pasión en todo lo que hace. La mujer que ante los problemas se crece. Y me digo a mí misma que nadie me dibuje nunca más las alas, que nadie quiera doblegarme. No me vendo por nada ni por nadie. Lucho por lo que siento y por los derechos que todos tenemos por el simple y maravilloso hecho de existir. Y fue entonces cuando me di cuenta que todo este año de trabajo desmesurado ha hecho que descubra tantas cosas maravillosas que de otra manera no hubiera descubierto. No me arrepiento de nada. He reconstruido mi corazón roto en mil pedazos por quien jamás pude imaginarme que iba a coger esas tijeras para cortarme las alas y robarme mis sueños. Ahora sale otra mujer que habita en mí, la niña. La que nunca perderé. La Necesito para vivir. Esta niña hace que la alegría y el entusiasmo esté en todo lo que hago. Mi niña interior hace que mire con otra mirada la vida. Así me abro el camino y encamino mis pasos en buena dirección. Sigo alimentando a la mujer que escucha. Es fundamental aprender a escuchar a la vida, al cuerpo, a las situaciones que se presenten. Entro a mis 36 años liberada. Me acepto con mis defectos. Termino con la mujer agradecida. La mujer que ve la esencia de las personas, la dulzura y la buena voluntad de las personas. Estas personas con las que emprenderé el vuelo para cambiar a aires nuevos y llenos de vida. Empiezo el vuelo de los 36 años rodeada de grandes personas y profesionales con unas alas dispuestas a luchar por un mundo mejor. Un mundo donde dejar una impronta y una sociedad más justa para nuestros hijos y los que vengan detrás. ¡¡¡

María Martín Titos para el artículo “Las mujeres que habitan en mi” de su blog personal www.mariamartintitos.com

Vamos!!!

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