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Lo primero que aprendí. Hija de mi alma, voy a contarte como empezó todo y lo mucho que me has enseñado. En nuestro proceso de convertirnos en familia lo primero que aprendí  fue a tener paciencia. Te confieso que la paciencia no ha sido nunca mi mejor virtud, y cuando nos comunicaron que estábamos en la lista de espera para los cursillos mi primera pregunta fue: “¿y cuando son los próximos cursillos? ¿Cuánto van a tardar en llamarnos?”, la respuesta no me gustó.  ¡Madre mía no me podía imaginar esperar a navidades para empezar a dar el siguiente paso! En nuestro proceso de adopción la paciencia y yo nos hemos echado grandes pulsos.

Así empezó mi niña preciosa nuestra historia. A partir de aquí mis palabras serán para nosotras dos.

La luna, era nuestra confidente. Ella recogía mis mensajes para hacértelos llegar a pesar de los miles de kilómetros que nos separaban por ese entonces. Porque la misma luna nos alumbraba a ambas. Solo ella sabia dónde encontrarnos.

Hace  11 años de todo aquello. No tenía ni la más remota idea de cómo eras, en que lugar te abrazaría por primera vez, ni siquiera tenía la seguridad de que ya hubieras nacido.

Mi niña, no te he parido, pero nunca nadie ha estado tan dentro y tan unida a mi que tu, hija de mi alma. Nuestra forma de convertirnos en madre e hija ha sido y es tan intensa que no me imagino otra forma de ser tu madre.

Primera llamada. Ya te he contado mil veces como fue la llamada que cambió nuestras vidas. Me preguntaron que si estaba sentada. ¿Te acuerdas? Bueno pues en tus catorce inviernos voy a contarte como fue nuestra primera vez.

Primera vez que te vi. Empezó a salir en la pantalla del ordenador una carita tierna y hermosa. Alegre y llena de vida. Tu sonrisa, Vika, tu sonrisa. Mi corazón, vientre y piernas temblaban sin parar y comencé a llorar y a besar la pantalla. No me lo podía creer, ¡mi niña! Ahí estaba sonriente, tierna y llena de luz. Nos iluminaste con tu mirada. Yo no paraba de repetir, “¡mi niña, mi preciosa niña! ¡Es mi hija papi, nuestra hija!”.

Dos meses después de ver aquella carita en una pantalla de ordenador y de dormir cada noche con ella pegada a mi corazón llegó el día. Día de abrazarnos, tocarnos y de olernos por primera vez.

Primer encuentro. Escuché unas palabras en ruso, algo así como “Dabai, Dabai”, que provenían del pasillo. En ese momento, así sin más, entró otra señora con una niñita caminando nerviosa delante de ella. Apareciste allí, delante de nosotros, con una sonrisa en la cara. Esos primeros segundos no logré asimilar que estaba pasando. Fue al mirarte fijamente cuando te reconocí. Eras la niña de la foto que había estado en mi bolsillo durante esas semanas, y en mis sueños durante toda mi vida. Me pregunté: ¿esta es mi niña?

Vika como te explico todo lo que pasó en esa habitación entre las dos. Solo nosotras podemos saber lo que significa ser madre e hija con veintisiete y cinco años. Después de haber pasado por momentos difíciles, duros y largos hasta encontrarnos y unir nuestra piel. Un beso fue esa unión piel con piel con un peluche abrazado a tu pecho que nos separaba esos centímetros. Fue lo más bello y fuerte que se pueda sentir jamás. Desde aquel momento mi lucha en la vida, mis alegrías, preocupaciones y actos en la vida serán  por ti, hija de mi alma.

Primer “mamá” en ese momento se paró mi mundo, no escuché nada más. ¿Sabes cuánto deseaba oír esa palabra? Sólo tú podías decirla, por eso cuando te digo “hija” me sano, me lleno de vida. Me das la vida a cada segundo de mi vida.

Primera separación. El momento más duro fue cuando tuve que volver a España y dejarte allí en el orfanato. Ese día la mitad de mi corazón se quedó contigo y la otra mitad con tu hermano. Tú sabias que nos teníamos que ir, que volveríamos. Eras mayor y habías visto a otros compañeros vivir lo mismo. Te fuiste por el pasillo mirándome y tirándome besos mientras que yo te decía en ruso que volveríamos, que estábamos muy orgullosos de ti y que te quería con locura. A día de hoy todavía se me desgarra el corazón al recordarlo.

Primera noche juntas. Una noche intensa, nueva y no paré de mirarte. Desde ese momento pasabas a estar bajo mi manto. Para una madre e hija adoptivas su primera noche es eso, unión y protección. Por fin juntas bajo el mismo techo. Mi niña por fin a mi lado y para toda la vida.

Primer susto. Eras tan pequeñita que cabías en una maleta. Y eso hiciste, te escondites dentro de la maleta mientras tu hermano reía al verte cometer fechorías. Menudo susto, buscándote por toda la habitación, el hotel… fue cuando vi a tu hermano mirar todo el rato la maleta y reírse cuando decidí abrirla. Y saliste como si de magia se tratara feliz y riendo a carcajadas. Estaba sola con vosotros dos. Papi había ido a la embajada de Moscú a arreglar papeles. Empecé a llorar de nervios y de pensar que sería incapaz de cuidaros como os merecéis. ¡Menudo susto!

Primer cumpleaños. Ese día estabas feliz, eras la protagonista, tarta, velas y regalos. Cumplías seis años y era la primera vez que celebrabas un momento tan especial, te lo estuve explicando días antes pero no eras muy consciente de lo que te decía. Es el día en que tu madre te trajo al mundo y abriste tus ojitos por primara vez. Ambas hablamos muchas veces de éste día, lo hacemos desde hace ocho inviernos. Desde entonces anhelas tener fotos de bebé como las que tengo yo y que miras con ojos brillosos. Saber a quien te pareces físicamente. Ojalá podamos juntas encontrar respuestas a tus preguntas.

Hoy 19 de diciembre llegó al mundo uno de los tesoros más hermosos que existe, eres tú hija mía, Victoria. Ese día a tu madre la iluminaste al abrirle tus dos ojos como dos luceros. Y cinco años y medio después de aquel día esos dos luceros iluminaron mi vida por completo. Ya no tengo miedo a nada porque te tengo a mi lado.

Y ahora, cumples catorce años. Metida en plena adolescencia que te hace vivir intensamente cualquier momento. Haces un mundo de absolutamente todo, pero estas creciendo san

Victoria Plata. Hija de María Martín Titos para el articulo: “Nuestra primera vez. Por tus catorce inviernos”

a, fuerte, respetuosa y con un corazón que no te cabe en el pecho. Tienes gran ilusión por todo. Y te encantan mis locuras. Gracias hija mía por ser el mayor regalo de mi vida.

BTS, tu grupo musical favorito. Grupo que según tus palabras te dan cuatrocientos años de vida cada vez que los oyes. Ahora eres toda una mujer, preciosa y cada día más segura de si misma. Ahora mi hija has construido una autoestima que andaba dañada y perdida hacía tiempo atrás. Tu mochila tiene menos piedras. Ahora vamos las dos más ligeras.

Nunca te des por vencida. Que nadie te arranque tus ideales, tu verdadero yo. Eres tan genial que haces mucha falta en este mundo. Nos hace falta tu sensibilidad, corazón y valores. Podrás ponerte el mundo por montera, porque hija de mi alma eres muy fuerte. Desde que naciste ya le demostraste al mundo que por muy difícil que te lo pusiera tu ibas a salir adelante. No se te olvide nunca, ni en los momentos más difíciles. Tú eres ese bebé que tuvo que luchar entre la vida y la muerte hace 14 años. Tú eres mi maestra.

¡¡¡¡Bienvenida a los 14 hija de mi alma!!!!

Tu madre que te quiere con locura.

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